El cansancio se caracteriza por la disminución de la energía, pero puede adoptar diversas formas: desde una simple debilidad muscular derivada de un gran esfuerzo físico, hasta el agotamiento moral intenso. Dos situaciones muy diferentes, tanto en la intensidad de su manifestación como en sus posibles causas.
Estar en forma: ¡una obligación!
La fatiga se intensifica en la medida en que los medios de comunicación nos bombardean con mensajes publicitarios que “obligan” literalmente a mantenernos en forma. Nos acosas con imágenes y mensajes en los que aparecen jóvenes esbeltos y bronceados, llenos de vitalidad, siempre listos para emprender una nueva actividad.
Aunque hay un pequeño detalle: tenemos hijos que nos despiertan por la noche, preocupaciones profesionales que nos corroen el ánimo, conflictos emocionales que nos alteran…exceso de responsabilidades que merman nuestras reservas de energía.
¡Es normal! Estamos vivos y enfrentamos situaciones estresantes, problemas y actividades a los que tenemos que adaptarnos. De hecho eso nos permite evolucionar.
Demasiado cansancio, muy a menudo y por mucho tiempo
Sin embargo, puede ocurrir que el cansancio se manifieste muy a menudo y que dure mucho tiempo. De ser así, nos envenena la vida en todos los aspectos, tanto físico (nos cuesta trabajo levantarnos por la mañana o hacer el más mínimo esfuerzo) como moral (nos es difícil enfrentar los conflictos y nos sentimos agobiados por problemas insignificantes).
Es hora de reaccionar.
Primera etapa: identifique el origen de esa fatiga, ya que detrás de una escasez de energía que no cede con reposo puede ocultarse una enfermedad: tal vez se esté gestando algún tipo de padecimiento físico (una infección o el inicio de un tumor) o bien un problema psicológico (apatía, incluso depresión).
En este caso, lo mejor es consultar un médico para que le prescriba los estudios necesario para descartar dichas posibilidades, por fortuna poco frecuentes.
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